Por: Hugo Apresa.
Analista.
Lastimosamente para nuestra democracia el debate electoral a caído en una polarización casi qué extrema.
Está vieja costumbre se ha convertido en uno de los rasgos más visibles del debate público en nuestro país.
Éste fenómeno influenciado por bloques de poder, se manifiesta en la división profunda de la sociedad, en posturas ideológicas opuestas, en dónde se remplazan el diálogo, las propuestas constructivas, plataformas políticas, programas e incluso los partidos, por personas que buscan posicionar.
Crean caudillos, Mesías, redentores, dizque para salvar al país.
El escenario electoral de hoy plantea un debate polarizado entre petristas VS Uribistas, dónde no se deja espacio a otras opciones ” o estás aquí o estás allá”.
Está polarización constante en nuestra sangrienta historia política heredada de las guerras civiles entre centralistas y federalistas en el siglo XlX, liberales y conservadores en la llamada época de la violencia 1948-1958, que tuvo como funesto episodio el asesinato del líder liberal Jorge Eliecer Gaitán, el periodo de pacificación del dictador Gustavo Rojas Pinilla y concluyó con el perverso engendro político del frente nacional, dónde los partidos Conservador y liberal se repartieron entre ellos los periodos de gobierno, la burocracia estatal y el erario.
Les recuerdo que en éste periodo aparecieron en los años 60 los alzamientos armados de guerrillas liberales y comunistas en el sur del tolima y los llanos orientales cómo resistencia y lucha política al mal llamado frente nacional.
” Los odios heredados” de los qué hablará nuestro prócer de las independencias de América, han proliferado y extremado la polarización en Colombia además la aparición de las redes sociales, la masificación de las comunicaciones y las nuevas tecnologías contribuyen al fraccionamiento de nuestra sociedad.
La polarización política en estás elecciones no sólo es pan de cada día si no que ha convertido el debate político en un escenario lleno de mentiras, odios y deslitimaciones de los contradictores, desconociendo muchas veces las diferencias tan necesarias en toda democracia moderna, éste conjunto de situaciónes ponen en verdadero riesgo de nuestra democracia participativa.
De mi parte invito a un sano debate electoral, con altura, respeto y tolerancia por las ideas del contrario .
H.A.A.
