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“Partidos políticos o equipos de futbol”.

by politicacaribe

Columna de opinión Dr Laureano Mesino.

La tradición y el ejercicio político actual trascienden, en algunos escenarios, al esquema de contratación deportiva del fútbol colombiano.
En los tiempos en que la política se ejercía por ideología partidista, nuestros ascendientes, hoy adultos mayores, luchaban y defendían los colores de su partido en muchos casos hasta la muerte, por conseguir el poder e imponer sus ideales. En aquellos tiempos, el trapo rojo y el azul, liberales y conservadores, ejercían tanta presión política que llegaron a hacer acuerdos para gobernar por períodos, alternándose el mandato y las riendas de Colombia. En mi opinión, esa tradición políticas contribuyo al nacimiento de nuevas fuerzas políticas que hoy abundan en Colombia.

Muy similar a incremento de los nacimientos en el mes de noviembre por causa del disfrute de los carnavales de Barranquilla, es allí donde comienza esta reflexión.

Algunos dirigentes decidieron crear nuevas organizaciones políticas, pero, en ciertos casos, parecen manejarlas como si fueran un club de fútbol profesional.

Surge entonces un verdadero mercado de candidatos: dirigentes que atraen determinada votación y se vuelven interesantes para integrar listas a diferentes corporaciones públicas. Como en el fútbol, los equipos buscan jugadores con experiencia, nuevas promesas que demuestren talento y, en ocasiones, hasta jugadores recomendados. En política ocurre algo similar. No falta el candidato con experiencia, el nuevo liderazgo que empieza a destacarse o aquel que llega con una buena recomendación.
Como en el fútbol, algunos terminan siendo contratados no necesariamente por lo que representan, sino por lo que pueden aportar al resultado electoral. En esta época inician las contrataciones. Los directivos analizan posibles candidatos para integrar sus listas. Buscan nuevos talentos, jugadores con experiencia o, en su defecto, al mejor recomendado.

Los candidatos, por su parte, también evalúan las ofertas.
¿Dónde hay mayor posibilidad de obtener una curul?
¿Qué organización ofrece mejores condiciones?
¿Qué estructura política tiene mayor capacidad electoral?
¿Qué apoyo económico y político puede recibir una candidatura?

Ganar es la meta.

Algunos transitan por diferentes partidos, supuestamente identificados con la derecha; otros hacen lo propio en organizaciones de izquierda. Entonces, surge una pregunta incómoda.

¿Qué ha pasado con la ideología?
Si un candidato ya tiene una curul y no quiere continuar en determinado partido, lleva a un familiar a otro partido y continúa en cuerpo ajeno.

Si es candidato y aparece un equipo que ofrece mejores condiciones, ¿debe cambiarse de camiseta? La política, el cambio y los nuevos liderazgos parecen quedar, en algunos casos, a merced de una baraja de partidos en la que las ofertas y las demandas están abiertas.

La nueva forma de hacer política parece ratificarse, y el mayor trofeo es lograr la mayor cantidad de curules para mantener el poder en las regiones.

Esto lleva a preguntar: ¿cuál será la mejor nómina para cada partido?
Saldrán nuevos talentos o seguiremos viendo a los James o los Teo de la política?
A diferencia de nuestros ascendientes, para quienes la identidad partidista y la ideología tenían un peso determinante, hoy parece que, en ciertos escenarios, el interés personal de algunos candidatos y el interés electoral de algunos partidos pueden estar desplazando el interés colectivo de la sociedad. Porque la política no debería convertirse solamente en un mercado de fichajes. Debería seguir siendo el escenario donde se confrontan ideas, se defienden principios y se construye un proyecto colectivo. Al final, ganar una elección puede ser el objetivo. Pero queda una pregunta más importante.

¿Para quién estamos jugando el partido?

Dios los bendiga.

#UnMesiParaBarranquilla.

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